CURSO DE OCULTISMO PRÁCTICO - Lección III
OCULTISMO TEÓRICO
Cosmogénesis
Seguimos hablando de la formación del universo y del ser humano, ambos formados siguiendo el mismo patrón; cómo dice la Biblia cristiana “el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios.”
Existe, en la memoria de la naturaleza o archivos akásicos, la posibilidad de consultar la veracidad de esta explicación, y el ser humano tiene, si la desarrolla, la capacidad para poder leer en ellos.
Paralela y posteriormente, los vehículos físicos también han tenido su desarrollo, al que el Sr. Darwin se aproximó bastante en su “teoría sobre la evolución de las especies”, pero en la que cometió algunos errores, que detallaremos más adelante, por no haber tenido en cuenta la parte espiritual del desarrollo de la vida.
La ciencia esotérica habla de siete globos, en los que se desarrolla la vida, en cada una de las cadenas; y nos dice que el proceso se repite siete veces en cada globo. Actualmente nos encontramos apenas sobrepasada la mitad de la cuarta ronda del período terrestre y, para ese grado de evolución de la vida, es necesario un escenario o globo de la densidad actual de nuestra Tierra. De este modo, además de los globos mental y emocional, disponemos de un mundo físico de determinada densidad, que es la adecuada para nuestra evolución. Esto no siempre ha sido así porque incluso nuestro globo terráqueo ha pasado por distintos grados de densidad. En estos momentos nos encontramos en uno de los más densos, lo cual dificulta el estudio de todo lo que es más sutil; pero la tendencia nos conduce hacia un globo de densidad menor que la que tenemos actualmente, que será la que permitirá los cambios y la tecnología necesarios en la era de acuario.
En este universo en el que estamos, todo tiene, a nivel de la forma, vida y muerte, ser y no ser, yin y yang. Pero, la visión del ocultista al respecto es la de que este universo es cíclico y que nada desaparece sino que, simplemente, se transforma, vuelve al caos para luego regresar a la manifestación. Esto es lo que ocurre con toda la materia de la forma.
Tomemos el enfoque espiritual para tratar de comprender esto: La materia y todos los planos de la forma (físico, etérico, astral y mental) son una ilusión, es decir, existen pero no son reales, podríamos tratar de imaginar al espíritu viendo una película y creyéndose que realmente él está viviendo lo que el protagonista vive. A efectos de la mente, la imagen proyectada es real, pero a nivel del espíritu observador no es así, sino que se trata de una ilusión. Hoy en día, con las películas en 3D y sus especiales características, uno puede estarlas viviendo como si fuera uno de los personajes de la película, aunque sólo se trate de una ilusión de la mente. Algo parecido sucede con el mundo, que creamos con las materias de la forma, y entre cuyas creaciones se encuentra nuestra propia existencia.
La religión cristiana nos dice que el mundo existe mientras Dios tiene puesta su conciencia y atención en él y que, si Él retirase su atención, el mundo volvería al caos de donde proviene. Lo mismo exactamente sucede con nuestras vidas en la forma y con nuestros cuerpos. En el momento en que el espíritu retira su atención, el cuerpo empieza a desaparecer. Esto sucede después de lo que llamamos muerte, ya que el espíritu deja de concentrarse sobre sus vehículos de manera progresiva y, conformándose a ello, esos vehículos empiezan a disolverse, devolviendo la materia que en ellos había al deposito universal para que, más adelante, pueda ser empleada de nuevo en la formación de otros cuerpos. Y ocurre así con la materia de todos los planos de la forma: Que, cuando el espíritu deja de prestarle atención, la materia de las formas vuelve a su origen. Pero el espíritu es inmortal y permanece y, más adelante, se interesará de nuevo en la materia, usará la vibración interna que haya adquirido y atraerá la que responda a esa vibración pudiendo, de ese modo, formar nuevos cuerpos otra vez.
Para el espíritu, los vehículos de la forma no son más que instrumentos de aprendizaje y los usa como tales, desechándolos cuando ya no le son útiles, y creando otros nuevos para continuar su aventura experiencial.
Hay una gran belleza en ese proceso de desencarnación o, quizás podríamos decir, de desatención, por parte del espíritu, hacia los cuerpos, que queda reflejada en la carta de dos Auxiliares Invisibles que transcribimos seguidamente:
MORIR, EL REGRESO A LA VIDA.
Hasta pronto, hermana del camino; nos veremos más adelante con otra forma física, quizás como hermanos, como padre e hijo, como amigos, amantes o nuevamente como abuela y nieto. No hay principio ni fin, sólo días y noches, vida y muerte, viajes y retornos, que se repiten sin cesar a lo largo de eones.
A este espíritu hermano, que ha sido mi abuela, hoy una niña feliz que ha regresado a la Fuente de la Vida, ¡Gracias.!
La muerte física, algo sobredimensionado por el miedo y los apegos de los familiares, se convierte, a los ojos que ven más allá del velo, en un feliz y espectacular acontecimiento.
La historia aquí relatada describe las observaciones realizadas el día de hoy, uno de febrero de 2010, durante el entierro de una mujer mayor. Seguramente, lo observado será parecido a lo que sucede en los entierros de las demás personas de edad avanzada, y distinto, al menos en parte, en los de las más jóvenes, o de las que no abandonan el mundo físico debido a la vejez sino por accidente o enfermedad.
De todas formas, el lector no debe olvidar que lo relatado es fruto de la observación y que ésta puede diferir de la de cualquier otro observador, ya que depende siempre del desarrollo interno del que observa.
Hay que tener también en cuenta que la personalidad del caso relatado ya había borrado, antes de su muerte física, debido a lo muy avanzado de su edad (97 años), los recuerdos concernientes a los últimos años de su vida, no reconociendo a algunos de sus familiares encarnados y, en cambio, viendo a su alrededor a algunos que hacía años habían dejado atrás este estado de existencia.
En el momento de entrar, quien esto escribe, en la iglesia en que se iba a celebrar el ritual cristiano, flotaba sobre el ataúd una pequeña y muy tenue nube, de un color verde claro, conectada con el cuerpo por medio de tres cordones energéticos, también en forma de niebla, de un blanco brillante en su interior, y rodeados también de esa tonalidad verdosa. Uno de esos cordones salía de la altura de la cabeza, el otro del pecho y el último de la zona del vientre del cadáver. Esto fue así durante un buen rato hasta que, al pronunciar el sacerdote el nombre de la fallecida, aquella neblina tomó la forma de una niña, de unos seis o siete años (así era como ella se sentía en ese momento, ya que todo lo demás de su vida había sido borrado de su personalidad), que aparecía como sentada o de medio cuerpo, encima del ataúd, nerviosa y excitada, como el niño que, de repente, ve o consigue algo durante mucho tiempo deseado.
La misa fue transcurriendo y la niña miraba, como si contemplara algo más allá del ritual, y como si éste no la afectase. No se observaba miedo en ella, sino felicidad y excitación. Durante la celebración de la misa, distintos rayos de luz, de una tonalidad entre blanco y amarillo dorado, muy suave, se dirigieron, desde la cúpula de la iglesia, unos al oficiante, otros al ataúd y otros directamente hacía los asistentes, irradiando sobre ellos esa vibración, que pretendía proporcionarles tranquilidad y seguridad con relación a la muerte. Hay que decir que el cura leía muy rápido, de forma muy mecánica y no colaboraba conscientemente con lo que sucedía más allá de su vista física, llegando, en algunas ocasiones, a dificultar la producción de determinados efectos. Por ejemplo, parte de esos rayos de luz que descendían de la cúpula, quedaron difuminados y desaparecieron, antes de llegar al canal apropiado que, en ese caso, era el propio sacerdote.
En el momento de ir a bendecir el ataúd con agua bendita, la imagen de la niña desapareció y la nube quedó dentro del ataúd, como esperando algo que no sucedió…debido a que el agua bendita no tocó el cuerpo físico. Esta agua bendita debía ayudar a 'desconectar totalmente' el cuerpo energético del cuerpo físico, lo cual no ocurrió y requirió, por ello, de una intervención ajena. Normalmente, en casos así, son los ángeles los que, más tarde, realizan esa función. En este caso, quien lo tuvo que hacer fue el que esto escribe. Por eso, es conveniente celebrar las misas “corpore insepulto” con el ataúd abierto, para hacer posible el contacto del agua bendita con el cadáver, lo cual ayuda al fallecido a dar los primeros pasos por el mundo del deseo, protegido de influencias desagradables.
En ese instante, la 'niña' desapareció, como liberada de sus cadenas, para regresar, pasados unos minutos, a acompañar a su cuerpo y al resto de los familiares. La niña se desplazó dentro del coche fúnebre, al lado del ataúd. O, al menos, ésa era la postura en la que se encontraba, al llegar el coche fúnebre al cementerio.
Una vez allí, camino del lugar de reposo eterno del cuerpo físico, ocurrió algo precioso, que duró sólo un segundo, tras lo cual no se observó ya más que una nube mucho más delgada pero más brillante. Durante aquel segundo se produjo una explosión de luces de colores, parecida a la de los fuegos artificiales, pero mil veces más bella. Y luego ya sólo quedó algo más sutil, algo que brillaba intensamente en la zona de la cabeza, por encima del ataúd, y que se hundió con él en la oscuridad del nicho. Ya no había personalidad, sólo un vínculo que quien escribe no sabe determinar. Algo que está en paz y que conecta con lo que está más allá de la forma.
Dios quiera que algún día todos puedan presenciar conscientemente este proceso tan maravilloso y el miedo a la muerte desaparezca para siempre de la mente de la humanidad, y sea reemplazado por la felicidad con que la anciana, ahora en forma de niña, abandonó este mundo, felicidad que, inevitablemente, se transmite a quienes ven lo que sucede más allá de lo que alcanza la vista física.
VALORES ESPIRITUALES – MEJORA DEL CARÁCTER.
¿REPETICIÓN O MONOTONÍA?
Se le dice al estudiante de ocultismo que tiene que realizar determinados ejercicios diariamente, lo cual el estudiante suele aceptar con ganas y alegría pero, con el tiempo, en la mayoría de los casos estos ejercicios se convierten en algo repetitivo que muchas veces se realiza de forma mecánica y monótona. La monotonía estropea el resultado del ejercicio y, de hecho, es lo más cercano a la muerte, que puede suceder. No a la muerte de los cuerpos, sino a lo que podríamos llamar la muerte real, la cristalización, el final del cambio y del movimiento.
En la vida hay muchas cosas que mueren a causa de la monotonía, y el estudiante de ocultismo debe hacer todos los esfuerzos posibles, usando su voluntad consciente y su constancia, para cambiar esa parte de su vida. Tanto si es en los ejercicios de concentración, en los rituales que pueda realizar o en el simple hecho de dar los buenos días o las buenas tardes, el estudiante de ocultismo o Aspirante se esforzará por hacer que sean algo vivo, algo nuevo, algo que siempre aporte bienestar y cambio. De no ser así, los ejercicios, rituales, etc. estarán muertos y no producirán otro efecto que el de cristalizar nuestras formas mentales, alejándonos por completo de lo que pretendíamos conseguir.
Si somos un poco observadores, veremos que todos caemos o hemos caído en esta trampa o prueba. No hace falta recurrir a algo tan profundo como pueden ser los ejercicios espirituales, sino que podemos observar esto en algo tan cotidiano como importante: el simple hecho de dar los buenos días. ¿Qué sentimos mientras lo hacemos? ¿Qué aportamos al otro? Recordemos cómo dábamos los buenos días a nuestros hijos cuando eran bebés, u observemos cómo damos los buenos días a alguien a quien hace poco que conocemos y cómo lo hacemos después de algún tiempo. ¿Qué es lo que ha cambiado?, Que nos hemos dejado vencer por la monotonía, que hemos dejado morir esa viveza de la relación inicial. Todos nosotros tenemos la capacidad de hacer que cada día sea un primer día. Krishnamurti ya nos hablaba de ello y nos decía que debíamos empezar cada nueva jornada como si todo empezase de nuevo. Si somos capaces de hacer caso de esas sabias palabras, haremos que nuestros seres queridos se sientan como tales, y estaremos cambiando el mundo.
PREGUNTAS DE LA LECCIÓN:
1.- ¿Quien es el creador del mundo en el que vivimos?
2.- ¿Es necesario un globo planetario para que exista la vida consciente?
3.- ¿Qué es la muerte?
4.- ¿Dónde va la materia que compone los cuerpos, después de la disolución de estos?
Respuestas a las preguntas intelectuales de la lección pasada
No hay respuestas intelectuales a las preguntas de la lección anterior. Todas ellas deben ser halladas y respondidas mediante la observación y la concentración.
Que la Luz sea contigo
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