Reflexión para la luna nueva del 26 de Octubre.
Sucede en 3º 03’ de Escorpio.
Cualquier estado de aparente discordia es una oportunidad inestimable para conocernos y, más allá del conocimiento, para mejorar la situación del mundo y de sus criaturas. Cuando nos sintamos inmersos en la discordia, tomemos en consideración que dicha situación pervive para nosotros en la medida en que dispone de un anclaje en nuestra personalidad. Cualquier persona puede mantenerse tranquila en la tormenta si despliega su propio estado vibratorio y no reacciona por sintonía con aquello que juzgamos conflictivo; bien se trate de una tormenta de naturaleza física, o de carácter laboral, social, interpersonal… En definitiva, y desde un punto de vista interno, cualquier persona puede mantenerse tranquila en la tormenta de las aguas emocionales. Esta calma para nada es privilegio de iniciados o de estados futuros de conciencia. Hablamos de vivir en el ahora de una determinada manera. Nuestras tormentas personales, nuestras frustraciones y conflictos, nos ponen en situación de generar luz. Y esa luz requiere al menos un momento de distancia de nuestras emociones más intensas, una búsqueda de una comprensión mayor, un acercamiento a la mente vacía del sendero Zen. Entonces, aquello que anteriormente nos parecía una situación insufrible, sin salida, simplemente se desvanece porque la vivimos de una manera muy diferente. El sentido de la experiencia en su multitud de variantes no es otra que generar consciencia, generar luz interna. Como fruto ineludible, una solución en el plano material termina llegando. No como la deseábamos al principio, personalmente, sino acorde con la naturaleza impersonal de la luz.
Jesús de Nazaret animó a sus amigos a caminar sobre las aguas para reunirse con él, al igual que el libro del Tao formula esta misma verdad desde otra faceta explicando que “Como (el sabio) no lucha, nadie lucha contra él”. En ambos textos vemos que el estado de conciencia ha cambiado respecto a los agregados de pensamiento y emoción habituales; sin miedo, sin razonamientos de oposición y de disyuntiva. La agotadora actividad mental ha cesado. Tan sólo una conciencia interna los reemplaza. En el esoterismo se han señalado insistentemente la dualidad y la tensión entre opuestos. Ambas carecen de realidad última, pues el concepto de unidad explica mucho más acertadamente la naturaleza del Cosmos, y la tensión entre opuestos se funde en la armonía más profunda. Necesitamos relativizar la emoción y el pensamiento en nuestras vidas, pues son una forma vibratoria más del binomio materia-energía. No son nosotras/os.
Así, cuando la situación social, política o económica parece dañar nuestra personalidad y sus intereses, tratémonos bien, démonos un respiro en el sufrimiento y busquemos entender estas condiciones externas meditando según nuestra mejor intuición y saber. Vayamos a la raíz. Más que sentirnos amenazados, sintámonos privilegiados por la experiencia, y seguros de encontrar una respuesta, una devolución valiosa a la aparente discordia ambiental. Pensemos en términos globales, no en términos de una pirámide en cuya cúspide se encuentre, reinando suprema… nuestra persona. Cuando limitamos la conciencia de nuestra chispa interna en semejante modo, las aguas de Escorpio aparecen frías y tenebrosas, hirientes. La muerte acecha y el sufrimiento es la ley.
Estas mismas aguas ofrecen una luz capaz de disolver nuestras concepciones sobre el yo. Entramos en ellas dejándonos llevar de la corriente, enfocando la conciencia en ese no luchar del que hablábamos antes. Tenemos arraigado el temor a la disolución de lo que amamos. No hay tal disolución, sólo conciencia en progreso, luz originando más luz.
Que la luz sea contigo.
El equipo de Luz interna.



